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Historia

AYUNTAMIENTO Y TORREÓN Historia

Los restos arqueológicos hallados como testigos más antiguos de la ocupación humana en el territorio iniestense se encuadran en el período Neolítico y en la Edad del Bronce. Del siglo V a. C. es la necrópolis de Cerro Gil, donde apareció un gran mosaico ibero que representa a la diosa púnica Astarté y a un lobo. Otro yacimiento importante excavado en el casco urbano fue la necrópolis de la Punta del Barrionuevo, correspondiente al período ibérico pleno, datado entre el siglo III y I a.C., es cuando surge la ciudad íbera y ceca monetal de Ikalesken, precursora de la actual Iniesta, la cual, con la Romanización se latinizó con el nombre de Egelasta. Numerosos vestigios atestiguan la vida y el poblamiento de Iniesta en todas las etapas históricas.

Del período hispanomusulmán nos queda impertérrito el torreón de la vieja alcazaba árabe, verdadera puerta defensiva de acceso a la fortaleza del siglo XI. Es una gran etapa de esplendor de la villa, conocida entonces con el nombre de Yanasta y famosa por su azafrán y por la elaboración de alfombras y tapices. El rey castellano, Alfonso VIII, la conquistó en el año 1186, acuarteló a sus hombres e implantó Concejo para organizar la población y la tierra, dándole una serie de privilegios que potenciasen su repoblación; por su parte, el rey Alfonso X el Sabio le otorgó el mismo Fuero que a la ciudad de Cuenca, en 1251.

En Iniesta, la Edad Media cristiana se caracteriza por un continuo traspaso de gobernabilidad y pertenencia de la villa, yendo alternativamente de manos reales a manos nobiliarias o señoriales, dependiendo siempre de los intereses de unos y de otros. En 1296 don Juan Manuel la incorpora al Marquesado de Villena y, en consecuencia, se convierte en el primer señor de Iniesta; posteriormente, en 1371, don Alfonso de Aragón, se convierte en el primer Marqués de Villena. Y, años más tarde, en 1417, don Enrique de Villena será nombrado como nuevo señor de Iniesta; a mitad del siglo XV, en 1452, don Juan Pacheco, segundo Marqués de Villena, la hace suya cambiando la villa a Ruy Díaz de Mendoza por el pueblo burgalés de Castrojeriz. El tercer y último Marqués de Villena, don Diego López Pacheco, junto a su padre, harán partícipe a la villa de las guerras del marquesado por la sucesión de Enrique IV. Por ello, cuando el gobierno del territorio vuelve de nuevo a ser de realengo, en 1476, con los Reyes Católicos, la reina Isabel I de Castilla ordenó destruir las murallas y desmochar las almenas del castillo iniestense, junto a todos los símbolos señoriales del pasado, como así parece que ocurrió con los escudos de armas de los Manuel que se encuentran en dos columnas de los soportales del Ayuntamiento.

ESCUDO AYTO

 

A partir de ahora, la villa de Iniesta, unida por siempre a la corona castellana, comenzará a vivir nuevos y modernos tiempos de desarrollo y transformación urbanística importante con la construcción de numerosas edificaciones de gran valor patrimonial. No en vano, será a finales del siglo XV cuando se construya el Ayuntamiento, adosado al lienzo de muralla del castillo, y ya en el siglo XVI, se remodela la plaza mayor con la apertura del gran arco por el que se accede al Torreón; se traza y levanta la iglesia parroquial; también se construye el convento franciscano (1550) y la ermita de la Concepción (1589); se encarga y se hace la custodia del Corpus Christi (1556); y, costeado por el consistorio local, se construye el puente de Vadocañas sobre las aguas del río Cabriel (1570). El emperador Carlos V, en 1526, incluye a Iniesta como dote de su futura esposa Isabel de Portugal. Incluso el obispo Acuña llegó hasta Iniesta reclutando soldados para la causa comunera. Es en este siglo cuando se comienzan a instalar en Iniesta importantes familias de hidalgos, de linaje probado en la Chancillería de Granada, quienes, a su vez, construyen grandes casas señoriales que blasonan en sus puertas con sus escudos de armas: Cantero, Zapata, Espinosa, Parra, Ponce de León, Saavedra...

Los siglos XVII y XVIII vendrán marcados por la demarcación definitiva del territorio, al eximirse de la jurisdicción iniestense las poblaciones unidas históricamente al Señorío de Iniesta  (Puebla del Salvador, Ledaña, Villalpardo, Villarta, Graja de Iniesta, Castillejo de Iniesta y El Herrumblar; Minglanilla fue la primera en independizarse, en 1565), y por la construcción de la Hospedería y el Santuario de la Virgen de Consolación. En la iglesia parroquial se termina de construir la Capilla Nueva con flamante solería de Manises y, a finales del siglo XVIII, se construye la tribuna del nuevo órgano. Algunos hijos ilustres de la villa en este periodo fueron destacados personajes de la vida religiosa del país, con varios obispos y vicarios generales.                                                                                                                                                               

 Las continuas guerras decimonónicas (independencia, carlistas, coloniales...) las incesantes epidemias, y la política general de nuestro país marcaron una decadencia histórica muy acusada no sólo en Iniesta sino en todas las regiones de España.

Ya en el siglo XX la revolución industrial y la mecanización en la agricultura motivó un despegue socioeconómico generalizado que sólo se vio truncado por la guerra civil de 1936 y su dura posguerra. Después vendrían años de emigración a las grandes ciudades, principalmente Valencia y Barcelona, y también al extranjero, hasta llegar al último tercio del siglo XX, con la llegada de la democracia, la entrada y pertenencia a la Unión Europea, la instauración del euro como moneda y hasta el momento actual, inmersos ya en un nuevo milenio, como época de máximo nivel de vida jamás alcanzado en la historia de Iniesta.

Textos: Javier Cuéllar

   
© Ayuntamiento de Iniesta (Cuenca)